





A través de los informes que nos mandaron, pudimos saber, que naciste un 3 de abril.
Ese día, viste por primera vez la luz y ese mismo día también se te apagó.
De esa fecha, solo sabemos que naciste mediante una Cesarea y que pesabas 3 kilos.
También, que tu familia biológica, firmaron los papeles, y te dejaron abandonado en la clínica nada más nacer y desde ese momento, no te volvieron a ver.
No se, si cuando naciste, tu madre biológica vio tu cara o si la giró, si te dio un beso o te lo negó, si te deseó suerte o simplemente te abandonó.
Pobre hijo mio, digo yo, cada vez que lo pienso, que tuviste que pasar en tus primeros días de vida, pues es ahí, cuando más se necesita ese calor de los padres.
Cualquier niño, cuando le dan el alta del hospital, sale en brazos de su madre, directo a su casa, donde los familiares les esperan para darle un montón de abrazos.
Sin embargo, tu saliste en brazos de una asistenta social y fuiste a parar a un orfanato, donde nadie allí, te recibiría con besos ni abrazos.
Que vida más injusta, que vida tan mal hecha en estos casos, sobre todo en el tuyo, cariño mío.
Tu familia, según el informe, te abandonaron por un caso social, y por no querer hacerse cargo de ti, ni ahora ni en un futuro.
Muchas veces, cuando pienso en el día de tu abandono, también pienso, que le pasaría por la mente a aquella mujer, pues un hijo, no se abandona así como así como de un perro se tratara.
Se, aunque nunca lo descubriré, si estoy en lo cierto o no, que cada vez que vea la cicatriz de la Cesarea, se acordara de ti, y pensará que habrá sido de tu vida.
O igual estoy equivocada, y al mirarla, le da exactamente igual, por que la tienen hay.
Yo solo sé, que el destino, te tenía preparada una familia mucho mejor, la cual te querría y amaría, y desde que fuiste concebido, era cuestión de tiempo, el que estuvieras con nosotros.
Cuando tenías 27 días, tuviste que ser ingresado en un hospital, porque te pusiste muy enfermo, a causa de dos neumonías agudas que se te repitieron.
No sabemos cuanto tiempo permaneciste allí ingresado, ni que te dieron para curarte.
Seguro, que en ese tiempo de hospitalización, nadie abría a tu lado, ni nadie que te cogiera la mano.
Estarías en una especie de cuna, allí tu solo, mirando hacia el techo o durmiendo.
Y mientras, nosotros sin saber nada de nada.
¿cuanto sufrirías y llorarías?, esperando a que alguien a ti se te acercara y cuantas veces, alzarías tus manitas para que te cogieran.
Cuando te recuperaste, volvieron a mandarte al orfanato de nuevo.
Pero esta vez, volvías con un papel, en el cual ponía que, habías sido ingresado por neumonías, por si cuando fueras adoptado, a tu familia adoptiva le interesaba conocer este dato tuyo.
Y claro que nos intereso saberlo, pero queríamos más datos sobre esto, pues queríamos averiguar, el porque te entro esta enfermedad, cuantos días estuviste ingresado, que medicamentos te dieron... muchas más cosas y datos, que nunca nos dieron ni nos darán.
Hay muchos datos y cosas que desconocemos de ti, por ejemplo, cuanto medias al nacer, cual fué tu alimentación desde que naciste, hasta que te recogimos, si llorabas mucho o poco, que era lo que mas te gustaba, o lo que menos... son muchos puntos e interrogantes, los cuales, ahora mismo, ya no me importan mucho, pues eres feliz en estos momentos.
Cuando cumpliste los 8 meses, esa luz que se te apagó al nacer, volvió como un milagro hacia ti, y de nuevo te iluminó.
Pues un día, se presentaron en el orfanato donde tu estabas, para seleccionar entre todos los que habían a un niño y tuviste la suerte, que esas personas que fueron, se fijaran en ti y no en otro.
Así, que una asistenta te sacó de la cuna, y pidió tu informe médico, y cuando comprobó, que estabas bien de salud, te sentaron en un columpio, para que te hicieran una fotografía.
Desde ese mismo instante, la buena suerte cayó sobre ti, pues con esa foto, te iban a buscar a una familia, para que te sacara de allí.
Y por suerte, nos eligieron a nosotros, para que fuéramos tus padres.
Bendito, y maravilloso día, el que recuerdo con una sonrisa enorme y el corazón latiendo a un ritmo increíble, al ver que tenía por fin un hijo.
Y la fotografía que te hicieron, el 29 de diciembre, estaba entre mis manos y por fin te conocía.
Fué una sensación extraña, el poder verte, y no tocarte, pero ese día, solo con tu foto me conformaba y me daba ánimos para poder soportar el ultimo tramo y el ultimo escalón, que de ti me separaba.
Junto con tu fotografía, me dieron muchos informes tuyos, que de ti me hablaban.
Lo que más pena me dio, fué cuando en cada hoja que leía, tu eras considerado como un número.
No como un niño, con nombre y apellido, si nos que ponía en cada comienzo de página, el número tal, corresponde al nombre de Sergio.
Eso, llenó mi cara de lagrimas y me puso el corazón en el puño.
Pero no solo eras un número en concreto, pues
tenías varios, como un numero del hospital, un numero del orfanato, un numero de tu partida de nacimiento, y para cualquier cosa nueva, eras otro número.
Eras como un objeto, el cual etiquetaban en cada sitio donde entrabas.
Cuando cumpliste un año, fuimos a conocerte, pues desde diciembre no teníamos ninguna clase de noticia tuya.
Los días que estuvimos contigo, fueron maravillosos y llenos de alegría.
Pero cuando nos fuimos, nuestras ilusiones se quedaron dentro de ese orfanato contigo.
En esos días, te dimos cuanto pudimos de amor, cariño y comprensión, el cual tu nunca habías tenido.
A nuestro regreso, no podíamos parar de pensar en ti, y fueron unos meses espantosos, llenos de pena y de lágrimas por ti.
Quizás, tu también nos echarías de menos y nos recodarías en silencio, pues como nunca recibiste ninguna muestra de cariño, salvo la nuestra, pensarías que todo habría sido un sueño.
Y como si de un cuento se tratara, en tres meses, después de haberte conocido, nos avisaron que podíamos ir a recogerte.
Ya eras nuestro legalmente, y la embajada nos avía dado una fecha, que era el 30 de julio, día en el cual, ya no nos separaríamos.
La noche de antes, tu papa y yo, la pasamos hablando hasta altas horas de la noche.
Nos preguntábamos como estarías, si habrías cambiado algo en estos tres meses, si sabrías andar o no, si nos reconocerías... mil y una preguntas que al día siguiente se resolverían.
Nos recogieron temprano y a las 11 de la mañana, entrabamos por la puerta del orfanato.
En cuestión de minutos, estabas con nosotros en brazos y cambiando tu vida de curso.
Cuando llegamos al hotel, los de recepción se acercaron a saludarte.
Y cuando subimos a la habitación, no nos creíamos todavía que estabas allí con nosotros.
A los dos días volvimos a España, llenos de ilusión y emoción al mismo tiempo, pues proto legaríamos a nuestra casa.
Y esta vez, la familia te esperaba con los brazos abiertos y dandote millones de besos, los que no tuviste, cuando del hospital, te mandaron o encerraron allí dentro.
Pronto, nos llamabas mama y papa, se te veía reír, y estabas muy contento.
Todavía, recuerdas cosas del orfanato, pero solo pequeños detalles, como no poder ver una manguera echando agua, pues te da miedo ¿ te bañarían a mangerazos?, el celofán también te asusta, pues te crees, que las manos con el te vamos a atar ¿cuantas veces en el orfanato te lo habrán hecho?...
Ahora, los tres juntos, solo debemos pensar que somos inmensamente felices y debemos de aprovechar al máximo el tiempo juntos, y darte todo lo que no tuviste.
Solo el tiempo nos dirá, lo que decidiras hacer.
Igual cuando crezcas, y sepas toda la verdad de tu procedencia, te de igual y no quieras mover ni un dedo por buscar respuestas que no pueda darte, por desconocerlas.
O puede, que cuando lo sepas todo, quieras conocer los motivos que causaron tu abandono, ver como son tus padres biológicos, hacerle montones de preguntas...
Hagas lo que hagas, te apoyaremos al cien por cien, y si quieres que vayamos contigo, iremos.
Si decides ir, de alguna manera te podre ayudar, pues junto con todos tus informes, vienen nombres y apellidos, de tus padres biológicos y su dirección.
Pero antes de ir, debes de pensar en todo lo que podrá suceder, pues, o te recibirán con los brazos abierto, o te cerraran la puerta en la cara.
Se, que vas a hacer lo correcto e iras en busca de mas información, pues yo en tu lugar, te puedo decir, que si lo haría y me arriesgaría a todo, pero no para intimar con ellos, si nos, para buscar simple información de mi vida anterior.
Con esto, no te animo a ir, pues no quiero que por mi culpa sufras mas.
Pensemos, que este cuento, ha salido genial y tiene un final feliz, como cualquier historia de hadas.
Nos sentimos orgullosos de todos tus progresos que das cada día y del cariño inmenso que de ti recibimos.
Desde aquí, te digo que te queremos.


